Calidad: un reto para el siglo XXI

Estamos acostumbrados a comprar aquello que nos entra mejor por los ojos y hay expertos en calcular qué es aquello que más nos llama la atención. Estos, a menudo, dan de lado un concepto que se empezó a perder en las décadas de los setenta y ochenta del siglo pasado y que, por desgracia, se terminó con él en la de los noventa: CALIDAD.

Mi área de conocimiento es el de las Artes Gráficas. Desde hace casi cincuenta años estoy vinculado a este sector. He mamado tinta y plomo y también calidad. Evidentemente eran otros momentos, en los que la ratio de producción permitía al buen profesional esmerarse y quedar bien con el cliente.

En estos tiempos hemos dejado que el cliente nos marque la forma en la que quiere un producto, generando de esta manera profesionales de muy baja cualificación pero muy rápidos a la hora de proporcionar un servicio.

Desde Aforen apostamos por dotar al asociado de un servicio de calidad. Esto se consigue de diversas maneras, pero hay dos que marcan el éxito, porque son el fundamento de cualquier relación: sinceridad y tiempo.

Nuestro cliente (alumno, formador, empresa), cuando busca una solución a alguna necesidad, necesita que alguien le transmita serenidad, que sepa que “alguien” se está ocupando en dar esa respuesta. Es evidente que teniendo un buen equipo detrás tenemos esos dos factores (sinceridad y tiempo) de nuestro lado. La sinceridad de que podemos dar una solución y el tiempo en sus dos vertientes, el ya empleado para tener los conocimientos necesarios y el tiempo razonable para llevar a buen puerto nuestro encargo, sin precipitaciones propias de quien tiene que improvisar.

Volviendo a mis queridas páginas de imprenta, aproximadamente en el año 1993, desembarcaron en España varias empresas gigantes dedicadas al noble arte de manchar papel. Estas empresas propiciaron dos problemas: en plena crisis obligaron a cerrar a muchos pequeños y medianos talleres gráficos y a los que quedaron  les hicieron ser “más competitivos” bajando los márgenes comerciales y “ahorrando” en calidad dedicando menos tiempo/plantilla a la corrección de textos. Esto supuso, por ejemplo, que empresas como Ediciones SM prescindiera hacia 2003 de siete personas de su plantilla dedicadas a la corrección de textos dejando tan solo a una  persona, con la consecuente pérdida de calidad en los textos.

Igualmente los diarios de tirada nacional prescindieron de sus departamentos de corrección y “dejaron de la mano” a los teclistas, que a menudo tenían poca formación académica y una alta cantidad de pulsaciones en el teclado. Sin embargo se implantaron correctores de estilo, por aquello de que lo visual es lo que vende, aunque “bendan vurros”.

En los últimos años, desde asociaciones del sector, se están tratando de retomar los estándares de calidad perdidos antaño, pero… ¿no hubiese sido mejor no haber perdido nunca la CALIDAD?

Tenemos que seguir apostando por esta cualidad tan necesaria en lo humano como en lo profesional.

 Eduardo González – Responsable relación con los centros de formación y consultoras

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Actualidad, Opinión

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s