Atila, rey de los “unos” es mi alumno

©imagerymajestic  Como formadores, todos nos encontramos con grupos encantadores, fáciles de llevar, y con grupos algo más complicados. A menudo no todos los integrantes del grupo son difíciles, pero basta con que haya uno especialmente “revoltoso” para que se nos revolucione la clase. Los hay que “pasan de todo” salvo de hablar con el compañero, otros discuten continuamente con nosotros y nos llevan la contraria en todo momento, ¿qué profesor no se ha encontrado alguna vez con un alumno sabelotodo? ¿Y con el que quiere ser protagonista de la clase y es incapaz de callar cinco minutitos?

Como educadores, profesores, tutores o formadores, somos responsables del proceso de enseñanza-aprendizaje y de la buena marcha de la jornada pero a menudo esto depende más de una buena estrategia y grandes habilidades por parte del formador que de tener grandes conocimientos de la materia que vamos a impartir. ¿De verdad conocemos los tipos de alumnos difíciles que podemos encontrar? ¿Somos capaces de establecer estrategias que favorezcan un buen ambiente formativo?

En esta entrada vamos a intentar mostrar los alumnos conflictivos que podemos encontrarnos en nuestras aulas y cómo minimizar su impacto negativo en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

El enemigo

¿Cómo es?: Nos contradice continuamente, rebate todo lo que decimos, en muchas ocasiones sin razón, a veces incluso se muestra mordaz o agresivo con nosotros, cuestionando nuestro papel en el aula.

¿Qué podemos hacer?: Lo mejor que podemos hacer es darle la razón cuando la tenga y pedir a los demás que opinen sobre lo que dice. La mayoría de las veces, si nosotros estamos haciendo bien nuestro trabajo, sus compañeros no estarán de acuerdo con él ni con su actitud. Si nos enfrentamos abiertamente con él reforzaremos su posición y podemos volver al resto de nuestros en su favor y, por lo tanto en nuestra contra. ¡No entremos en ese juego! Y pidámosle que deje intervenir a sus compañeros. Esto reforzará nuestra posición en el aula ante los demás alumnos y minimizará su impacto. Es posible que no deje de ser nuestro enemigo, pero si no obtiene el respaldo de los demás descenderán sus intervenciones.

El preguntón

¿Cómo es?: Es el que pregunta continuamente y además cosas básicas que ya debería saber, con lo que nos impide avanzar y hace que el grupo pierda el tiempo innecesariamente.

¿Qué podemos hacer?: Le pese a quien le pese no podemos parar a un grupo por un único individuo. Pero tampoco podemos perderle ni quedar mal delante de los demás alumnos ninguneándole. Podemos decirle que resolveremos sus dudas (las que no tienen que ver con el nivel de la clase, claro) al finalizar o en el descanso. Podemos proponerle tareas de refuerzo para que alcance el nivel de la clase. Si realmente consideramos que no tiene el nivel necesario para el adecuado aprendizaje, lo honesto sería sugerirle que abandone el curso e inicie estudios más básicos. Ojo, sugerir, no imponer.

El graciosete

¿Cómo es?: Es el típico alumno que interrumpe la clase con intervenciones jocosas y chistes varios. Sus intervenciones desconcentran al grupo.

¿Qué podemos hacer?: No hay muchas soluciones salvo ignorarle para que se dé cuenta de que no hace gracia y que sus interrupciones están fuera de lugar. La mayor parte de las veces estos alumnos buscan protagonismo, llamar la atención, así que no debemos concedérsela salvo cuando hable en serio o plantee preguntas.

El desinteresado

¿Cómo es?: Es el que pasa de la clase, le interesa más lo que ocurre más allá de la ventana, los mensajes de su móvil o cualquier otra cosa ajena a la clase.

¿Qué podemos hacer?: Si no entorpece demasiado la marcha del aula seguiremos adelante y, en el descanso o al finalizar la clase, le preguntaremos al respecto. Su falta de interés puede deberse a muchas causas: si es que tiene poco nivel y no se está enterando de nada obraremos como con el alumno preguntón. Si está en clase por obligación y realmente no hay posibilidad de que le interese lo que hablamos le invitaremos a abandonar o a molestar a los demás lo menos posible, antes de que se convierta en un alumno enemigo, aunque lo ideal es buscar con él algo del curso que le pueda interesar, motivarle, ya que puede sacar un buen rendimiento de nuestra enseñanza, nunca se sabe.

El cooperador

¿Cómo es?: De antes se le llamaba “alumno pelota”. Es ese que siempre está dispuesto a ayudarnos, quiere ser nuestra mano derecha, todo lo que hacemos le gusta, es entusiasta en las prácticas…

¿Qué podemos hacer?: Es un alumno que puede agradarnos mucho, ya que siempre participa y no interrumpe innecesariamente ni molesta, pero apoyarnos demasiado en él puede hacer que los demás le rechacen. Sin embargo, será un buen aliado cuando actúen el alumno graciosete, el enemigo, el sabelotodo y el monopolizador.

El monopolizador

¿Cómo es?: Interviene constantemente, pregunta sin casi darnos tiempo a responder, nos hace perder el tiempo con cuestiones que no vienen a cuento…

¿Qué podemos hacer?: Sin perder la paciencia ni los modos, le pediremos serenamente que deje intervenir a los demás. Seguro que el alumno cooperador querrá aportar algo en ese momento…

El sabelotodo

¿Cómo es?: Como bien indica su nombre, parece que lo sabe todo. Interviene continuamente, seguro de que puede aportar más que el profesor y de que sabe más que sus compañeros. Probablemente le parecerá que la clase transcurre lentamente y querrá que todo vaya más deprisa.

¿Qué podemos hacer?: Si realmente se lo sabe todo, quizás este no sea el curso que le conviene, por lo que tal vez deba abandonarlo y matricularse en otro de mayor nivel. Recordarle con suavidad que tanto los objetivos como la planificación pedagógica del curso son los adecuados para el grupo. Pedirle que deje intervenir a los demás. Seguro que el alumno cooperador tiene algo que aportar en ese momento…

El líder

¿Cómo es?: Es uno de los alumnos más peligrosos, ya que el grupo le seguirá. Si es un líder positivo y está a nuestro favor nos pondrá la tarea en bandeja, ya que el ambiente en el aula será bueno. Si por el contrario es un líder negativo nos puede echar al traste el curso y ponernos en situaciones muy complicadas que incluso genere protestas contra nosotros.

¿Qué podemos hacer?: En el caso de un líder siempre hay que reconocerle el liderazgo (ojo, eso no quiere decir que nosotros le vayamos a obedecer). Nunca entraremos a un enfrentamiento con él, un líder enemigo es lo que peor nos puede pasar. Podemos proponerle tareas grupales donde desarrollar su liderazgo. Dejarle ser líder no significa que vayamos a ser serviles con él, simplemente le mostraremos respeto y le dejaremos “brillar”.

El lugarteniente

¿Cómo es?: Son los segundos de a bordo, los que siguen fielmente al líder. Incluso intentarán posicionarse físicamente a su lado, sentándose junto a él, caminando con él… y desde luego le darán la razón en todo.

¿Qué podemos hacer?: Con ellos nada. Si nos ganamos al líder nos ganamos a los lugartenientes. Volvamos por lo tanto al líder a nuestro favor.

La oveja negra

¿Cómo es?: El alumno discriminado por el grupo. A menudo los demás se burlan de él y lo desprecian. Puede tener alguna minusvalía, defecto o característica que le hace destacar negativamente,  ser poco competente socialmente o simplemente es que le cae mal al líder .

¿Qué podemos hacer?: Intentar mejorar su prestigio ante los demás. Podemos hacerle intervenir cuando estemos seguros de que puede lucirse, resaltar siempre sus aciertos. En definitiva, reforzarle ante el grupo.

Los rivales

¿Cómo son?: Se enfrentan entre ellos. Personalmente me he encontrado con pocos alumnos de este tipo, la mayoría de ellos ya se conocían por compartir el puesto de trabajo y su rivalidad venía ya de ahí. Sin embargo, si los he detectado en muchas ocasiones en alumnos adolescentes o jóvenes. Por supuesto su rivalidad no se limita al aula.

¿Qué podemos hacer?: Mostrarles que su actitud es pueril y que perjudica al grupo. A menudo los propios compañeros estarán hartos de sus interrupciones y disputas y presionarán para que cejen. Desde luego no permitiremos ningún comportamiento violento, por lo que deberemos intervenir antes de que la rivalidad se convierta en muestras más agresivas como insultos o incluso violencia física. Principalmente, que en clase controlen su rivalidad.

Y estos son, básicamente, los alumnos que podemos encontrarnos en un aula. ¿Qué opináis? ¿Habéis encontrado alguno de ellos? ¿Qué habéis hecho en cada caso?

A. Victoria Vázquez

Experta en contenidos

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