La soledad del alumno “online”

En el mundo de la formación el éxito o fracaso de una acción formativa se reparte entre tres agentes: el alumno, el formador y la institución o empresa. Sin embargo, en el ámbito de la teleformación existen sutiles diferencias en los papeles que desarrollan cada uno de estos agentes.

Por un lado, el alumno se convierte en el protagonista de la acción formativa, es él, con sus destrezas y conocimientos, con su dedicación y sus expectativas quien se enfrenta prácticamente solo (ya veremos que no están en realidad solos y que nosotros, como formadores, podemos aportar mucho a su experiencia de aprendizaje) con el reto de adquirir unos conocimientos.

Por otro lado estamos nosotros, los llamados teletutores, que desempeñamos una labor difícil, ya que no consiste solo en responder a los mensajes de los alumnos, sino que debemos también motivarles, animarles a involucrarse en el proceso de aprendizaje.

Finalmente, la institución tiene una parte no menos importante, ya que debe realizar una selección previa de alumnos teniendo en cuenta sus conocimientos y habilidades, sus preferencias e incluso detectando los motivos del alumno para elegir un curso u otro. De esta acción depende que los alumnos puedan realmente emplear sus habilidades de una forma eficaz para lograr la adquisición de sus conocimientos. Esto parece muy evidente, pero en mi devenir profesional he encontrado consultoras que que vendían un curso de ofimática avanzada como la segunda parte de un curso de diseño o uno de Autocad (online, se entiende) a un alumno que aún no sabía navegar por internet… ¿Acabaron estos alumnos los cursos? El primero sí, el segundo no logró ni siquiera acceder a los contenidos. ¿Aprendieron algo de provecho? No, ninguno de los dos. El primero realizó los exámenes obligatorios y cumplió con su tiempo de conexión mínimo, pero nunca descubrió para qué le podía servir «aquello del “Aces”, oiga»; el segundo, por supuesto, continuó sin saber cómo acceder a los contenidos. ¿Se frustraron estos alumnos? Sí, los dos.

Bueno, supongamos que la institución ha seleccionado bien a los alumnos, la plataforma funciona a la perfección, los contenidos son de una calidad superior y nos encontramos ante un grupo de estudiantes con habilidades y conocimientos suficientes para rendir en el curso y motivado y dispuesto a aprender con nosotros. ¿Qué puede hacer que nuestro alumno se frustre y abandone el curso?

1.- Unas expectativas irreales: A veces los alumnos piensan que un curso online es más fácil, que requerirá menos tiempo y esfuerzo. ¡Craso error! Un curso de teleformación requiere el mismo esfuerzo e implicación o incluso más que un curso presencial, ya que el alumno deberá navegar y buscar los contenidos, hacer ejercicios, escribir mensajes, participar en los foros, realizar ejercicios de evaluación…

2.- El alumno no dispone de suficiente tiempo: Puede ser porque el alumno realmente no ha caído en el tiempo que le va a llevar realizar todas las tareas del curso o porque inicialmente el curso ha sido anunciado como de X horas pero el tiempo real que el alumno tendrá que invertir en estudiar y realizar las tareas es mucho mayor.

3.- El tutor nunca ha sido alumno de teleformación: Pensad en esto: si nunca hemos sido alumnos de teleformación, nunca nos hemos enfrentado a las dificultades a las que se van a enfrentar nuestros alumnos. ¿Cómo vamos a entenderles cuando tengan alguno de los típicos problemas que surgen en esta modalidad? ¿Cómo vamos a comprender los elementos que la componen? Y sobre todo, ¿cómo vamos a entender las diferencias en nuestra labor con respecto a un formador presencial? ¿Cómo vamos a poder comunicarnos eficazmente con los alumnos?

4.- Demora en las respuestas: Habitualmente se habla de que el tiempo máximo aceptable que debemos manejar a la hora de responder a nuestros alumnos es de 24 horas (salvo que tengamos de por medio festivos y se advierta de ello previamente a los alumnos, por supuesto). La falta de agilidad en las comunicaciones produce no solo frustración sino también unos cabreos de antología, ya que demuestra falta de interés e incluso puede hacer dudar al alumno de la competencia de su tutor. Cuidado con este punto, es vital. Y por supuesto las respuestas deben ser claras, honestas y respetuosas.

5.- Presencia en el aula: El tutor debe orientar en el uso de la plataforma, proponer debates en los foros, ofrecer ejemplos, enlaces a webs de interés, enviar mensajes de ánimo… Puede que los contenidos ya estén creados en la plataforma, pero como tutores aún podemos hacer maravillosas aportaciones.

6.- Mostrar empatía y cercanía al alumno: Tampoco es que tengamos que tratar a los alumnos como si fueran nuestros amigos de toda la vida, pero sí que podemos relajar un poco el discurso y usar siempre palabras de aliento y ánimo. Y por supuesto, si un alumno tiene un problema que le dificulta el seguimento del curso le escucharemos y trataremos de ayudarle. Un truco que yo empleo es apuntar en un cuaderno lo que cada alumno me cuenta de sí mismo. A lo largo de más de cinco años como formadora me he encontrado con bodas, contracturas, embarazos… seguro que vosotros también. ¿Por qué no probáis a apuntarlo y preguntar al alumno por esa circunstancia la próxima vez que habléis con él? Os aseguro que se sentirá mucho más involucrado en el curso, y posiblemente se convierta en un alumno más participativo ya que no seréis un mensaje automático que genera el sistema, sino que en ese momento os habréis convertido en su profesor, con personalidad propia. ¿Qué puede haber más motivador?

7.- Rigidez del sistema: ¿Alguna vez habéis tutorizado un curso de larga duración en los que los contenidos se iban bloqueando a partir de cierta fecha? A veces los alumnos no pueden dedicarle el tiempo que nosotros hemos planificado. ¿Y si  la práctica programada para el día dos no la pueden hacer hasta el cinco? La teleformación no tiene mucho sentido si el alumno no puede controlar el tiempo de dedicación. Seamos flexibles. ¿Qué más da si hace la práctica un par de días después (siempre dentro de las fechas del curso, por supuesto)? Lo que debe importarnos es que el alumno no olvide la tarea y la haga logrando el aprendizaje para la que ha sido programada.

Y a grandes rasgos esto es lo que podemos aportar como formadores para que nuestros alumnos disfruten del proceso de aprendizaje y quieran seguir formándose en un futuro.

¿Se os ocurre alguna cosa más que podríamos aportar?

Por A. Victoria Vázquez

Experta en contenidos

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